La ansiedad: Respuestas de evitación/escape

Unhappy young woman

Alguna vez alguien puede haber comentado que siente que “el corazón se le sale por la boca”, que está sudando demasiado, que se siente mareado, que le falta el aire. Eso suele acompañarse de pensamientos catastróficos respecto a lo que puede ocurrir luego, si es que no evita o escapa directamente de la situación que le está creando estas respuestas fisiológicas que suelen ser tan molestas para cualquier persona.

¿Qué es la ansiedad?

Las características descritas en el párrafo de arriba son aquellas asociadas con aquello que se denomina ansiedad o miedo, según la forma en que se presente. Ambas respuestas van a ser tomadas como sinónimos aquí, dado que suelen ser desencadenadas y mantenidas por las mismas variables del ambiente. Si bien el miedo implica una respuesta fisiológica más intensa, mientras que la ansiedad es más caracterizada por pensamientos anticipatorios; ambas respuestas psicológicas internas, cumplen la misma función: Alejar a la persona de un supuesto peligro.

La ansiedad es una respuesta del organismo, normal y natural, ante circunstancias del entorno que pueden o no resultar amenazantes.

La respuesta de ansiedad está determinada por lo que la persona ha aprendido a lo largo de su historia. No todas las personas responden de igual manera ante las mismas circunstancias o personas. De allí lo que a unas personas les resulta amenazante, a otras les resulta sumamente inofensivo.

Origen y mantenimiento de la ansiedad

La ansiedad ante ciertas circunstancias se aprende a través de asociar ciertos eventos inicialmente neutros (personas, experiencias, lugares, etc.) con una respuesta intensa de nuestro cuerpo; lo cual genera que estos dejen de ser eventos neutros; y se conviertan en eventos “disparadores” de respuestas de ansiedad.

Esta respuesta se fortalece y completa cuando escapamos de los estímulos temidos, dado que evitar/escapar trae consigo una reducción de la ansiedad/miedo, lo cual hace pensar a las personas que es una buena idea alejarse de aquello que temen. Aunque esto que ven como solución sea precisamente el eje del problema. Por más paradójico que resulte, huir de lo que se tema no arregla nada, solo lo empeora.